¿Mi cachorro es muy joven para aprender?

Actualmente todavía está muy arraigada la idea de que debemos esperarnos a que el perro sea adulto para empezar a educarlo. De hecho, cuando mi perra tenía unos pocos meses y la gente se acercaba a saludarla, les pedía que la acariciaran cuando tuviera las cuatro patas en el suelo para enseñarla a saludar sin saltar, y recuerdo que unas cuantas veces me respondieron que todavía era demasiado pronto para empezar a educarla. A raíz de estos encuentros, vimos que todavía hay que incidir en este tema para contribuir a desterrar este mito y explicar por qué no tiene ningún fundamento.

Origen del mito

Según esta falsa creencia, debemos esperar a que el cachorro tenga entre 8 meses y 1 año para empezar su educación. Si caemos en ese error y no hacemos nada durante este tiempo, es probable que acabemos teniendo un cachorro desenfrenado que no se sepa controlar o que no nos haga caso. Sin embargo, ¿por qué muchas personas, entre ellas algunos profesionales del mundo canino, recomiendan esperar a esa edad? En realidad el mito tiene su origen en los métodos basados en el castigo. En este tipo de entrenamientos, el objetivo es “romper” al perro para someterlo y para que nos reconozca como “líderes”. El perro acaba obedeciendo por miedo al dolor del tirón o de la descarga, por ejemplo, y como son métodos bastante duros, los educadores que los practican recomiendan esperar a que el perro ya esté más formado, pues no es lo mismo dar un tirón al cuello de un adulto que al cuello de un cachorro en crecimiento.

Otro posible origen del mito tiene relación con los perros guía o de asistencia. Estos perros pasan por un proceso de educación muy exhaustivo, pero por lo general hasta los 12 meses no empieza su formación en el centro de adiestramiento, y este hecho puede hacernos creer que no se les educa hasta los 12 meses. Es cierto que desde la séptima semana de vida aproximadamente hasta los 12 meses viven con una familia de acogida, pero eso no significa que durante este tiempo no reciban ningún tipo de educación: la familia sigue las pautas de los profesionales, que generalmente están enfocadas a cubrir los aspectos más importantes de esta etapa, es decir, hacer una buena socialización, establecer buenos hábitos higiénicos, inhibir la mordida, jugar correctamente, acostumbrarse a la manipulación, etc.

¿Qué le enseño a mi cachorro?

Así pues, ¿a partir de qué momento empezamos a educar a un cachorro? La respuesta es simple: desde el momento en que llega a casa. Eso sí, dependiendo de la etapa de desarrollo en la que se encuentre, nos centraremos en algunas cosas u otras. Siempre debemos adaptar los ejercicios, los entrenamientos y nuestras expectativas a la edad y al ritmo de cada cachorro. Si quieres aprender cuáles son las etapas de desarrollo del perro, te recomendamos el artículo “Desarrollo del comportamiento canino“.

Supongamos que el cachorro llega a casa con unas 8 semanas de vida, que es la edad más recomendable. Durante esta etapa nos centraremos en lo principal: su socialización. Hasta las 16 semanas de vida, aproximadamente, lo más importante será presentarle de forma paulatina y controlada los estímulos con los que tendrá que convivir a lo largo de su vida: diferentes personas, perros de todo tipo, sonidos, objetos, superficies, etc. Otras cosas en las que incidiremos serán la inhibición de la mordida, enseñarle a hacer sus necesidades en el sitio designado, enseñarle a quedarse solo y acostumbrarle a la manipulación.

A partir de los tres meses, como ya tendrá todas las vacunas y podrá pasear libremente, nos enfocaremos en enseñarle a caminar con correa, a hacer sus necesidades fuera, a saludar correctamente y a autocontrolarse, a parte de continuar con la socialización y todo lo anterior. También podemos introducir un poco de obediencia, como aprender a sentarse, a acudir a la llamada y a quedarse quieto. Si aprovechamos esta importantísima etapa para crear una buena base, en el futuro todo nos será más fácil y la etapa de la adolescencia será menos exasperante.

A partir de los seis meses, ya podremos enseñarle habilidades más complejas, pero no debemos olvidarnos de que lo más importante sigue siendo proporcionarle las pautas y las herramientas necesarias para favorecer la convivencia con nosotros.

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